A Clockwork Orange, 1971
Director: Stanley Kubrick;
Guión: Stanley Kubrick, según la novela de Anthony Burgess;
Fotografía: John Alcott;
Música: Walter Carlos;
Producción: Warner Bros. Picutures;
Intérpretes:
-Malcolm McDowell
-Patrick Magee
-Adrienne Corri
-Miriam Karlin
-Anthony Sharp
-Warren Clarke
-Philip Stone
-Sheyla Rayner
-James Marcus
EE.UU. / Reino Unido.
135 minutos.
“La bondad y la maldad nacen con nosotros. La bondad se escoge. Si el hombre no escoge, deja de ser hombre.”
Hay películas que, hoy por hoy, independientemente de cómo las juzguemos, están por encima del bien y del mal, importa poco que gusten o no. Son ya míticas. Constituyen en sí mismas un universo propio, tienen su mitología particular, una iconografía reconocible en todas partes y venerada por muchos. La naranja mecánica es uno de los mejores ejemplos que se me ocurren. Paradigma del tipo de film que amas u odias (como casi toda la filmografía de Stanley Kubrick), sus valores cinematográficos han sido en la actualidad injustamente relegados, si no olvidados, en favor de la mitología que ha generado. Algunas de sus imágenes forman parte del imaginario colectivo de varias generaciones, y dudo que haya una persona en este mundo que no sepa reconocer de dónde proviene el típico atuendo blanco, el bastón, el bombín negro, y las pestañas postizas que haya podido ver en los montones de homenajes que se le han hecho a la película (a Los Simpson me remito). Pero por encima de todo eso, La naranja mecánica es un películón, una obra maestra bestial, impactante y arrolladora.
¿El mejor film de Kubrick? Difícil pregunta. Cada uno que responda lo que quiera. Y es que aunque sólo dirigió doce largometrajes en más de cuarenta años de carrera, no nos lo pone nada fácil. En 1971 ya era todo un nombre en el mundo del cine, desde que en 1955 apuntara maneras en el cine negro con Atraco perfecto (origen del Reservoir Dogs de Tarantino), para despuntar definitivamente en 1957 al dirigir la mejor película antibélica de la historia, Senderos de gloria. Luego llenó de violencia y realismo el cine de romanos con Espartaco (1960), se atrevió con la adaptación de una novela prohibida, Lolita (1962), demostró que la mejor manera de enfrentarse a la guerra fría era burlándose de ella con ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (1964), y reinventó la ciencia-ficción, llevándola a una madurez nunca superada, con 2001. Una odisea del espacio (1968). Siempre un director polémico, siempre audaz, odiado y amado a partes iguales, todavía sorprendió más al estrenar La naranja mecánica, que escandalizó en todo el mundo (en España no se estrenó hasta 1975). Después nos legaría Barry Lyndon (1975), su última obra maestra, El resplandor (1980), La chaqueta metálica (1987), y, póstumamente, Eyes wide shut (1999). Pero quizá nos podamos atrever a señalar La naranja mecánica como su, si no mejor film, su trabajo más representativo, ya que reúne en él las constantes de la filmografía del director, como puedan ser la originalidad, el riesgo, la polémica. Y todo ello con la marca de la casa, el sello Kubrick: imágenes impactantes, largos planos-secuencia, visión explícita de la violencia y el sexo, y un uso exquisito, soberbio, de la música.
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