Colin McRae (1968 – 2007)
-Autor: Javi
Mañana a las 22:00 (GMT+1) estaré jugando al Dirt en el Live. Si alguien quiere romper mi racha de 6 carreras 6 podios que me agregue, soy “abrecartas”.
Mañana a las 22:00 (GMT+1) estaré jugando al Dirt en el Live. Si alguien quiere romper mi racha de 6 carreras 6 podios que me agregue, soy “abrecartas”.
En la segunda parte terminé contando que nos tiró una ola de unos tres metros sobre las rocas del espigón. Estábamos enteros los tres y misteriosamente, a parte de alguna magulladura que otra, nadie se rompió nada…

Después de esto, hubo dos o tres días decepcionantes pero llegó el día. El día en el que el miedo superó al placer, el día en el que nos dejamos llevar por la sugestión y el egoísmo. Un día que pudo resultar fatal para los tres. Llamé a Javi para ver si quería venir a conocer como hacíamos body y para que hiciera fotos y videos. Para esto, tenía claro que debía de ser en un día en que las predicciones superaran cualquier expectativa, y este día llegó. Era fin de semana y Marcano y yo, ya sabíamos que se avecinaba un temporal que cambiaría el clima en el Mediterráneo y que cambiaría el comportamiento del mar.

Llegó el sábado y vimos que la medida de las olas en Alicante superaba los dos metros por bastante, y como locos, nos fuimos. Javi, Marcano, José Carlos y yo, nos aventuramos a La Calita (El Campello) con toda la intención de arriesgarnos y sentir de verdad un basto muro de agua. Cuando llegamos, vimos que hacía mucho viento y que el mar estaba muy, muy bravo. Era una locura entrar ahí. Nunca habíamos visto la Calita de esa manera, acongojaba pero al mismo tiempo, teníamos el gusanillo. Entramos por el espigón porque era muy difícil entrar de frente para coger una ola. Y nunca habíamos entrado por el espigón. Llegamos hasta el final del espigón con dificultad y vimos el riesgo que suponía adentrarnos de esa manera. Cuando estábamos decidiendo como meternos al agua, llena de olas inmensas a la altura del espigón y de repente vimos como se acercaba una ola increíble y enorme hacia nosotros, no tuvimos ninguna reacción. Simplemente nos quedamos mirando como se levantaba un muro de agua de tres metros enfrente de nosotros y como nos atizaba con fuerza. A pesar de ir sin neopreno el frío no se notaba. La ola tiró de golpe a José Carlos y Marcano contra las rocas y a mí milagrosamente, no me tiró. Cuando desapareció el agua de las rocas, lo primero que dijo Marcano, fue “¿están todos bien?”.
El pasado mes de Agosto me llamó Jose y me animó a comenzar a practicar Body Board. Acabamos de empezar con el bodyboard y Marcano, que antes de septiembre llevaba siete años sin practicarlo en Venezuela (es Venezolano) se hizo el ánimo y volvió a las olas. Tras muchas decepciones, (dado que en verano no hay olas casi nunca y cuando hay son ridículas) a partir de septiembre comenzamos a ir a la playa a practicar este nuevo hobby. No había muchas olas pero ya se podía disfrutar de un buen día de surf.

La primera impresión fue increíble y la sensación de deslizarse por el agua y dejarse llevar por una ola dirigiendo tu destino fue descomunal para José Carlos y para mí. A partir de ahí, cada vez que las previsiones eran buenas, nos acercábamos a la Calita en El Campello. Habían días que nos acercábamos y era en vano, pero otros días estaba muy bien. Esto del surf para mí actúo como la droga más adictiva y no hay minuto que no piense en eso. Se corrió la voz en nuestro entorno de que hacíamos bodyboard y nuestro amigo Marcano se unió a nosotros (además, el tenía experiencia desde hacía tiempo en Venezuela). El día mágico llego, y un día con olas de metro y medio y mar de fondo (que quien no sepa de surf le parecerá poco) fue perfecto para meterse al agua. Ese día aprendimos más que nunca y todo fue perfecto. Fue un día claro, con olas en serie ordenadas, con un poco de tubo, estábamos alucinando porque acabábamos de comenzar con este placer y nunca habíamos visto nada igual. Marcano que surfeó en Venezuela olas de hasta tres o tres metros y medio nos dijo que el pensaba que en el mediterráneo no se podía disfrutar del surf. Pero también alucinaba y recordó como era un buen día de surf.