(The great dictator), 1940
Director: Charles Chaplin
Guión: Charles Chaplin
Fotografía: Roland Totheroth y Karl Struss
Música: Meredith Wilson y Charles Chaplin
Producción: United Artists
Intérpretes: Charles Chaplin, Paulette Goddard, Jack Oakie, Reginald Gardiner, Henry Daniell, Billy Gilbert, Grace Hayle, Maurice Moscovich, Chester Conklin.
Estados Unidos
124 minutos
“O César o nada.
Emperador del mundo. Mi mundo”
Es imposible comprender el nacimiento, evolución, y consolidación del cine del siglo XX, sin acercarse a una de sus principales figuras: Charles Chaplin, el primer genio de la historia del cine, junto a D.W. Griffith, Buster Keaton, o Murnau. Todos ellos fueron los responsables de que aquel diabólico invento de los hermanos Lumiére, la fotografía en movimiento, se consolidara como la nueva y masiva industria de entretenimiento, y se convirtiera en un nuevo arte.

Charles Spencer Chaplin nació en Inglaterra en 1889, dentro de una familia de actores de vodevil que, pronto, acabaron sumidos en la pobreza. La salvación de Chaplin llegó también con el teatro, con el que llegó a hacerse bastante famoso. Fue en una gira por Estados Unidos iniciada en 1910, cuando Hollywood, ávido y necesitado de nuevos talentos, llamó a su puerta. Entre 1913 y 1922 intervino en 73 cortometrajes (el formato normal de la comedia en aquellos años, entre diez y treinta minutos), la práctica totalidad de los cuales dirigió desde 1914. En 1921 era ya la más grande estrella del cine, conocido en todo el mundo gracias al personaje que interpretaba en sus filmes, el famosísimo vagabundo, con su pequeño bombín, su chaleco estrecho, sus zapatos enormes, su ligero bastón de bambú, y el gracioso bigotito que separaba a Chaplin de su vagabundo, conocido en Europa como Charlot. Fue cuanto menos, curioso: Chaplin, que se había criado en la pobreza, se hizo millonario interpretando a un vagabundo. En 1921 realizó su primer largometraje, y su primera obra maestra: El chico (The kid), a la que seguirían Una mujer de París (A woman of Paris, 1923), su primer drama; La quimera del oro (The golden rush, 1925), el film por el que siempre dijo que quería ser recordado, y la divertida El circo (The circus). Ésta última fue realizada en 1928, en los albores del cine sonoro, nacido un año antes con El cantante de jazz, y que supuso una revolución total en el cine. Pero Chaplin no creía en el sonoro, consideraba que rompía la esencia misma del cine (en parte, llevaba razón), y aún realizó dos películas mudas más, acaso sus dos mejores películas: Luces de la ciudad (City lights, 1931), y Tiempos modernos (Modern times, 1936).
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