OPINIÓN: ¿Vivimos la edad de plata del videojuego japonés?

Si bien el videojuego no tuvo el privilegio de nacer en Japón, desde los años ochenta del siglo pasado el archipiélago se ha convertido en un bastión fundamental para el décimo arte. Nintendo salvó la industria y junto a las Capcom, Konami y Sega del momento se convirtieron en la vanguardia artística y tecnológica. Hoy en día seguimos jugando juegos de esa época dorada. Más tarde fueron dos de esas compañías japonesas las que se enfrentaron en una lucha a muerte por el dominio del mercado (SEGA vs. Nintendo y más tarde, Nintendo vs. Sony). No fue hasta la explosión del juego en PC y de la aparición de la segunda Xbox cuando el mercado que, salvo excepciones (EA, Ubisoft, Activision), estaba dominado por la mentalidad del juego japones se occidentalizó.

Está occidentalización fue un proceso duro. El mercado americano dominaba: Gears of War, Halo, Uncharted, GTA, además de los juegos deportivos. Las principales y más exitosas franquicias, por primera vez, no contaban con un juego japonés entre sus listas. Solo Nintendo quedó como bastión de lo japonés mientras que Konami, Capcom y demás compañías se limitaron a occidentalizar sus juegos. El ejemplo perfecto es Resident Evil 6. Un híbrido de lo peor de la industria japonesa y lo peor de la occidental. Las compañías se afanaron por crear juegos muy cinematográficos e intentar subirse al carro de los juegos de tiros. Como resultado, durante la época de PlayStation 3/Xbox 360/Wii tuvimos que sufrir una oleada de shooters y de juegos de aventura genéricos made in West pero también monstruos gaijinificados made in Japán.

La saga Yakuza, como Monster Hunter o Persona han salido de su nicho en Japón y ahora son mundialmente reconocidas.

La crisis fue tremenda, y no solo en ventas, también en cuanto al concepto y a la filosofía creativa. Los fans de los juegos japoneses se refugiaron en juegos de nicho o directamente producciones anteriores (retro, emulación, etc.). Los juegos perdieron su esencia y las compañías niponas se dividieron entre las que apostaron por la tendencia occidentalizante del mercado y las que cerraron filas en torno a su nicho arriesgandose a vender solo en Japón (Atlus).

La crisis fue tremenda, y no solo en ventas, también en cuanto al concepto y a la filosofía creativa.

Toda esta situación fue cambiando a partir de 2015, cristalizando finalmente en 2017, como ahora veremos. En mi opinión, gracias a la labor de estudios como Platinum Games y From Software (pero también otros más pequeños como Grashopper o Hall Laboratory), y por supuesto Nintendo, que se mantuvieron fieles a esa forma de hacer japonesa, la esencia del juego japonés no solo se mantuvo si no que se reinventó. ¿Cómo? Cuidando las mecánicas, con una obsesión por los detalles, apartando el músculo gráfico en pos de un “buen juego”; anteponiendo el juego como juego, olvidándose de El Mercado. Lo importante para ellos era y es el concepto del juego, las mecánicas y el game feel. Los videojugadores, saturados de shooters y de propuestas genéricas se empezaron a fijar en esos “juegos extraños“. En esos Bayonetta y Dark Souls que tango gustaban al público. De repente, muchos de ellos empezaron a echar de menos los antiguos Final Fantasy, otros comenzaron a revindicar los Xenoblade o los Shin Megami Tensei, a la vez que se re-descubrieron compañías niponas míticas como Atlus.

Documental que habla a través de entrevistas con desarrolladores japoneses del estado de la industria japonesa a principios del 2018.

De repente, Square Enix y Sony Japan despertaron y como un huracán silencioso llega 2017, el que muchos piensan que es el mejor año de los juegos japoneses de la historia. El pesimismo y la sensación de que el videojuego japonés había muerto (un tema que tratamos bastante cuando empezamos a hacer podcast en 2013) termina. NieR: Automata, The Last Guardian, Persona 5, Resident Evil 7, la revitalización de la saga Yakuza gracias a los kiwami y de Yakuza 6, Nioh, la aparición de Switch, la consolidación millonaria de PS4 y sobretodo dos totems: Super Mario Odyssey y The Legend of Zelda: Breath of the Wild. Una combinación de juegos contundente, de tipologías y géneros distintos, pero con un denominador común, su origen japones y su alta calidad, todos ellos con un concepto claro detrás. Un golpe en la mesa que venía a decir Japón sigue aquí. Japón puede. Una reivindicación, consciente o inconsciente de que el juego japonés debe prevalecer y de que está más vivo que nunca. El público occidental lo demanda. La industria lo necesita. ¿Porqué? Por que aporta otra filosofía y se complementa perfectamente con los indies y las superproducciones de occidente.

Hemos vuelto a ver a creadores japoneses en conferencias. Todos adoran a Hideo Kojima y celebramos como goles, cada detalle de Death Stranding.

Hemos vuelto a ver a creadores japoneses en conferencias. Todos adoran a Hideo Kojima y celebramos como goles, cada detalle de Death Stranding. Hemos podido ver a Fumito Ueda dando charlas en Barcelona y Bilbao, entrevistas con Suda 51 incluso a Shigeru Miyamoto tocando la guitarra en el show de Jimmy Fallon.

Hideo Kojima en los Game Awards 2016

Pero lo más prometedor es que no solo es cosa de un año, de un año maravilloso; pues la tendencia se ha mantenido en 2018. Pese al contraataque occidental, con unos sobresalientes God of War y Red Dead Redemption 2, sumados al buenísimo año indie de Celeste, Obra Dinn, Gris, y a medianías (en el buen sentido) como Spider-Man, AC: Odyssey o A Way Out, la escuela japonesa sigue en la pomada. En cabeza, Monster Hunter: World haciendo lo que parecía imposible: sacar del nicho a la saga y conseguir ventas millonarias en todo el mundo. Y otros juegos que hablan por si mismos: Super Smash Bros. Ultimate, Octopath Traveler, Dragon Ball FighterZ, Mario Tennis Aces, Dragon Quest 11, Ni No Kuni 2, Pokemon Let’s Go, y revoluciones como Nintendo Labbo, Tetris Effect o Astro Bot Rescue Mission. Sin olvidarnos de rediciones míticas de Shenmue, Shadow of the Colossus, Okami, Bayonetta y Captain Toad: Treasure Tracker.

Tendencia que se mantendrá en 2019 confirmando esta tendencia y esta teoría. Estamos en vilo, esperando con ansias, a esos Devil May Cry 5 y Sekiro: Shadows Die Twice, amen de un Bayonetta 3 que está por llegar, un juego de Yoshi todavía sin nombre, un Ghost of Tsusima que parece un gran homenaje occidental a Japón, el remaster/remake de Resident Evil 2 y el ya mencionado Death Stranding. Gasolina suficiente para que la industria japonesa se mantenga firme los futuros años y suficientes razones de peso para afirmar que estamos viviendo la Edad de Plata del videojuego japonés. Ganbare Nippon!

Yoko Taro

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