Fernando VII, un hombre abocado al fracaso.

Con motivo al bicentenario de la guerra de la independencia

godoy-prision.jpg

fernandovii.jpgFernando VII no es la mejor de las personalidades españolas en su historia ni mucho menos, pero sí coincidió con momentos determinantes en el devenir de la nación española, y palabras como las de J. Fontana respaldan lo que acabo de decir, él dijo que »el reinado de Fernando VII ha de ser entendido, sin duda, como uno de los momentos decisivos en la plasmación del perfil histórico de España». El reinado de Fernando tuvo de telón de fondo la crisis del Antiguo Régimen. No cabe ninguna duda de que Fernando VII desempeñaba mal su función, fuese la que fuere; pero en una monarquía no se elige, y si el hijo de Carlos IV que le tocó reinar no era válido, ese hijo no ha elegido ser rey, por lo tanto, nada de culpa tiene Fernando VII en haber sido un inútil como rey. Seguro que podría haber estado capacitado para desempeñar cualquier otro trabajo que no hubiese sido el de reinar, pero no pudo. De todas formas, hay que decir que Fernando VII contó con el apoyo del pueblo, algo muy importante, quizá, lo más importante; aunque no era muy querido entre burgueses, nobles, comunidad eclesiástica y militares. Nos podemos hacer una idea de cómo era Fernando en el hecho de que mientras Carlos IV dependía de ministros, Fernando VII quería gobernar solo y, en muchos casos, hacía caso omiso a propuestas y consejos.

Él nació en El Escorial el 14 de Octubre de 1784. Fue el noveno hijo de Carlos IV y de María Luisa de Parma. La muerte prematuracarlos_maria_isidro_de_borbon.jpg de los hermanos nacidos antes que él le permitió reinar. Estuvo casado en un primer momento con María Antonia de Nápoles. Ella manifestó desde la primera vez que vio a Fernando una repulsión inusitada; lo consideraba estúpido y de extrema fealdad. En el año 1807 María Antonia de Nápoles murió supuestamente de tuberculosis, aunque se ha dicho que pudo ser envenenada por el boticario de palacio; incluso se llegó a decir que le había pedido ella misma al boticario veneno para suicidarse. El caso es que el boticario murió poco después que María Antonia, lo cual alimentaban rumores de todo tipo. Fernando no quedaría traumatizado ni mucho menos por la muerte de su esposa e hizo gala de su soltería desde muy pronto. Además, Fernando y sus adeptos fernandinos, después de la muerte de María Antonia, ambicionaban más que nunca la corona.

Fue en tiempos de Fernando VII cuando se perdieron las colonias americanas y se perdió el poderío naval, y con él, su fueron grandes negocios que quedarían ahora en manos de los ingleses, que harían gala de su supremacía marítima. La política colonial que siguió Fernando VII, marcada por la obsoleta política comercial propia del Antiguo Régimen, no ayudó ni mucho menos a que se evitara la independencia de estas colonias. Trafalgar hizo mucho daño, y el pueblo estaba en contra de Godoy y del afrancesamiento de la corte. Afrancesamiento que se estaba generalizando entre las clases más pudientes del país. El pueblo veía en Fernando a una víctima inocente capaz de resolver la situación.

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Efectivamente, Fernando VII no era un buen rey, pero también es cierto que la herencia que le habían dejado sus predecesores, unido a su propia personalidad hizo que España se fuera hundiendo poco a poco. Debemos preguntarnos lo siguiente, ¿hasta qué punto que un rey sea bueno o malo influye en el devenir del pueblo al que gobiernan? Es fácil decir que influye mucho el hecho de que un rey sea bueno o malo, pero, ¿no puede ser que sean las circunstancias, y el resultado de varias catástrofes lo que produjo el desastre español? Siendo más directo todavía, situaciones como la de Trafalgar o las colonias en América, si observamos las gestiones desde Carlos III, se veían venir. El reinado de Carlos IV, sobretodo en su etapa final, producía un descontento claro en la sociedad del momento. Al pueblo no le agradaba Godoy, lo detestaba, pero Carlos IV y la reina María Luisa estaban encantados con 300px-isabellaii.jpgél. Se presume que la reina pudo ser amante de Godoy, aunque eso no se puede afirmar y, en cualquier caso, es irrelevante. En la corte de Carlos IV, él mismo tenía muchos enemigos. Y no enemigos porque estuviesen contra él directamente, lo que de verdad le perjudicaba era el creciente odio manifiesto hacia Godoy y la reina. Al joven príncipe Fernando lo nutrieron bien de este odio desde su infancia gente como el canónigo Escoiquiz, supuesto culpable de los males de Fernando. Personalidades como el recién nombrado Escoiquiz, hicieron que la situación desembocase en una negociación que llevó en secreto Fernando y Napoleón para una posible unión entre el príncipe y la familia del emperador. Tenían como fin, estas negociaciones, asegurar la corona a Fernando, ya que los partidarios de Fernando no se fiaban de Godoy. Temían que el ministro por entonces de Carlos IV pudiera dejar sin reinar a Fernando. Los reyes se dieron cuenta de que tramaban algo contra ellos con el objetivo de derrocarlos y, finalmente, el joven príncipe confesó. Se habló mucho por aquella época sobre qué le podría pasar a Fernando, y qué le harían los reyes. El pueblo hablaba de pena de muerte, de exilio y demás intrigas que quedan patentes en la perspectiva que ofrece Benito Pérez Galdós en sus episodios nacionales. Pero lo cierto es que Fernando fue perdonado por sus padres. No corrieron la misma suerte otros conspiradores junto a Fernando de la talla de Escoiquiz o Montijo. Todos ellos fueron condenados al exilio interior. Para pedir perdón, Fernando escribió una carta a su padre y otra a su madre de estilo muy similar, en la que escribió a su padre dice:

Señor. Papá mío: He delinquido; he faltado a V.M. como Rey y como Padre, pero me arrepiento y ofrezco a V.M. la obediencia más humilde. Nada debí hacer sin noticia de V.M., pero fui sorprendido. He delatado a los culpables, y pido a V.M. me perdone por haberle mentido la otra noche, permitiendo besar sus reales pies a su reconocido hijo. Fernando.

Y esta conspiración, que se le llamó »la conspiración del Escorial» -del cual no es solo criminal Fernando, si no todo el cuerpo que le apoyó y le puso todas aquellas ideas absurdas en la cabeza- y el posterior Motín en Aranjuez -recordemos que estuvo provocado en parte por Fernando y significó la abdicación de Carlos IV como rey en favor de su hijo y la destitución de Godoy-, no hicieron más que funcionar como la chispa por la cual el pueblo llano comenzaba a emerger. Pero la chispa definitiva vino propiciada en Bayona. Aquel lugar al cual invitó Napoleón a Carlos IV y al recién nombrado rey Fernando VII. Y es que las relaciones que tenían Fernando VII y su padre con Napoleón dieron lugar a que Napoleón manipulara a su antojo a padre e hijo. Nos podemos imaginar la insípida personalidad e intelectualidad de padre e hijo, abocados al fracaso desde que nacieron. Allí, en Bayona, no parece que le costara mucho a Napoleón convencer a Carlos para que »se bajara los pantalones». Y posteriormente, si que parece que fue más difícil convencer a Fernando VII para que renunciara a la corona que tanto ansiaba. Ahora, la corona quedaría en manos del hermano de Napoleón, José Bonaparte, que acabaría reinando como José I de España. Y es que Napoleón lo tuvo demasiado fácil, y, seguramente, Napoleón pensaría de Carlos y de Fernando que eran unos tontos, unos inútiles. Y muy posiblemente pensara que el pueblo español se componía de personas como los representantes de la corona.

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Es fácil entender los levantamientos que se produjeron a partir del 2 de Mayo y que fue generando una revolución que acabaría en una cruenta guerra contra Francia, la de la Independencia. En todo esto se puede adivinar, por encima de todo, la torpeza de Carlos IV y Fernando VII, aunque también influyó que el pueblo estuviese pasando calamidades. Crecería obviamente la desconfianza hacia los franceses y, Fernando escribiría una carta que recibiría el consejo de regencia en la que él explicaba que se encontraba cautivo, siendo la liberación de este la máxima aspiración del pueblo español, de ahí el sobrenombre de »el deseado». Fernando VII fue un rey cobarde, que no supo manejar innumerables situaciones. En la popular vuelta como rey de España en 1814, después de que acabara la guerra con los franceses derrotados, queda en evidencia, sobretodo, dejándose abordar por las presiones más radicales desde el sector más absolutista, que tuvo como texto más emblemático el manifiesto de los persas. Este manifiesto, prácticamente funcionó como frenó a las ideas liberales que comenzaban a emerger en España. Hasta que con Rafael del Riego en 1820 comience el llamado trienio liberal, Fernando VII se encontraría más o menos cómodo. Pero no demostró tener convicción alguna, parece ser que nunca la tuvo, -solo al final, a las puertas de la muerte, que si que tuvo la convicción de que su hija debía reinar- convicción que demostró no tener al jurar la constitución de 1812 ya en 1820. Fernando VII huía de las presiones del pueblo, sentía verdadero pánico ante cualquier tipo de presión y, era capaz de acatar cualquier orden enérgica siempre y cuando viera peligrar su reino. Durante los tres años de tinte liberal, se llegaba a decir que en España se estaba viviendo una »revolución jacobina», dadas las ideas de »los exaltados», inspiradas en la revolución francesa. Estos »exaltados», que solían ser jóvenes burgueses con ideas ilustradas, llegarían a tener un jefe de gobierno, Evaristo de San Miguel, que sería sustituido más tarde por Martínez de la Rosa, moderado que puso al frente Fernando VII para reforzar la monarquía. Cuando finalmente fue Francia quien invadió España con las famosas invasiones de »los cien mil hijos de San Luis», se reforzó definitivamente la monarquía y, a partir de estos momentos, Fernando se dedicaría a mantener a toda costa su reino; comenzaría entonces una década, hasta que murió Fernando, que se la llamaría »década ominosa». Para defender su reino, hizo una política reformista con el único fin de implantar un despotismo ilustrado que resultaría anacrónico, como se le podría definir a él mismo. Esta política le llevó a Fernando a ganarse enemigos, no sólo por parte de los liberales, si no que encontraría en los realistas, encabezados por su hermano Carlos María Isidro de Borbón, a sus peores enemigos. En un período donde definitivamente se perdieron las colonias en América, tuvieron lugar innumerables ejecuciones de liberales como es el caso de la ejecución de Rafael del Riego. Fernando no supo llevar a cabo con inteligencia su posición y acabaría fracasando. »Dar palos de ciego», eso es lo que hizo durante toda su vida Fernando VII. Y dando palos de ciego llegó a una muy complicada situación. Teniendo en contra tanto a liberales como a realistas y, después de que Fernando VII tuviera con su cuarta esposa y prima María Cristina, por fin, una hija, Isabel, futura Isabel II, el rey abolió la ley sálica que impedía reinar a mujeres. Ya que a Fernando VII se le acababa el tiempo, y consciente de que no tendría ya más hijos, quiso que su descendencia reinara.

Carlos María Isidro de Borbón se creía heredero directo al trono y mantenía que la pragmática sanción que había impuesto su hermano era ilícita. Fernando VII, gravemente enfermo, fue convencido para que firmara unos documentos que volvían a poner en vigor la ley sálica, esto suponía la llegada como rey de Carlos María Isidro de Borbón, que ya empezaba a sonar como Carlos V de España. En un momento de lucidez y de mejora de Fernando VII, él mismo tuvo que abolir de nuevo la ley que impedía reinar a las mujeres antes de morir. A Fernando no le quedaría más remedio que apoyarse en los liberales moderados y a su muerte, quedarían dos bandos bien marcados y enfrentados: los partidarios de Isabel II, también llamados isabelinos, y los partidarios de Carlos María Isidro de Borbón, también llamados carlistas. Pronto comenzarían las guerras carlistas, guerras civiles cruentas que no le harían ningún bien al país. Se podría decir, aunque podría parecer un tanto ligero, que el resultado del reinado de Fernando VII fueron, entre otras muchas cosas, las guerras carlistas. Pero Fernando, fue, ante todo, un hombre, con muchos errores e incapacitado para encarrilar a un país que ya se encontraba en decadencia desde antes de que él estuviese en el trono, pero un hombre. No hay que discutir que en España iba a ocurrir una grave crisis dadas las circunstancias, estuviese o no Fernando VII como rey. Pero esta claro que España pudo caer en la crisis en la que cayó de otra manera, hay que pensar que España pudo caer en un colchón; pero la realidad es que cayó sin colchón, desde muy alto y a mucha velocidad. Por eso he llegado a la conclusión de que, Fernando VII es, no voy a decir el culpable, porque como ya dije antes, él no tiene la culpa de ser rey, pero si voy a decir que ayudó a que España digiriera la crisis de la peor manera posible, acabando en una guerra que, como ocurre con todas los guerras, son innecesarias, y más, si son civiles.

Acabaré remitiéndome a las palabras que escribió Carlos Seco Serrano en »La España de Fernando VII», de Miguel Artola. Él dijo que:

“El caso personal de Fernando VII sólo puede ser entendido profundizando en los hechos que, desde la infancia y gravitando sobre una auténtica tara esencial -la cobardía, nunca vencida-, acabaron por moldear una personalidad muy común en el ámbito de la vida vulgar, pero forzada fatalmente, por circunstancias excepcionales, a poner de relieve, en la cúspide de la política y de la sociedad, todas sus aristas negativas.”

  1. Si no tono hagiográfico, si que percibo cierta «comprensión» hacia la figura del monarca, quizás de forma equivocada, en tu excelente artículo. Pero en mi opinión, no hubo rey más felón que Fernando VII. Las negociaciones de Bayona le reportaron propiedades y una pensión mensual exorbitante, por lo que no es desacertado decir que vendió su corona al mejor postor sin mayores problemas. Por otro lado, traicionó a tirios y a troyanos siempre que pudo, y después de jurar falsamente en 1820 la Constitución, la torpedeó todo lo que pudo.

    Además, recalcar que desde los primeros días de 1820 estuvo en comunicación directa con la Santa Alianza demandando constantemente la intervención de la Santa Alianza en territorio español; intervención que si bien en principio era negada por las autoridades francesas, gracias a la intervención del zar ruso se fue perfilando.

    Por no hablar del proceso seguido contra Rafael de Riego, plagado de arbitrariedades e injusticias. Si interesa Fernando VII y su reinado, algún día quizás pueda escribir la historia de por qué se negó Fernando a coincidir en ninguna ciudad con Riego cuando éste ya estaba preso, y como en su día dijo el abyecto monarca absoluto que le debía su trono al citado teniente coronel. A su vez, es interesante valorar lo que significó el grito de «Viva Riego» como oposición al de «Viva el Rey», y por qué el desgraciado de Fernando dijo tras la muerte de Riego: «liberales, gritad ahora que viva Riego».

    Un saludo.

  2. Mi comprensión hacia el monarca está ahí, y no creo que de forma equivocada. La culpa de que llegara a reinar Fernando VII es del sistema, no de él mismo y, en todo caso, de que le tocara reinar a él. Antes, con los monarcas te la jugabas, ahora no tienen función más que diplomática y simbólica. Por otra parte, estoy de acuerdo con todo lo que has mencionado. Supongo que Fernando VII reinó a partir de 1820 gracias a Riego porque como siempre, se dejó llevar ante presiones como indico en el artículo. Pero estoy intrigado y creo que deberías poner las cartas sobre la mesa y explicar por qué le debe el trono Fernando al teniente coronel. Mi artículo lo resume las palabras de Carlos Seco Serrano que expongo al final. Y vaya, sé perfectamente que Fernando, en su »cautividad» no lo pasó mal. Recibió hasta clases de ballet. En ningún momento digo que lo pasará mal en Francia. Pero una cosa, Fernando siempre quiso reinar, lo que ocurre es que era cobarde y se acomodaba a cualquier situación.

  3. La verdad es que el desastroso reinado de Fernando VII, a vista de pájaro, puede ser asimilado a otros muchos; sin embargo, su conducta personal carente de cualquier escrúpulo no tiene parangón en la historia peninsular. De ahí mi análisis de monarca.

    Yo no aludía a que Fernando VII tuviera culpa por haber reinado, sino, obviamente, por las consecuencias de su reinado y cómo se dirigió. Es más, tú mismo indicas que «Fernando siempre quiso reinar». Siempre bajo sus concepciones políticas.

    Sin ir más lejos, rechazando casi cualquier reforma que no fuera forzosa, y ni por esas (como ejemplo, las diversas bancarrotas del Estado, y sólo hubo reformas económicas desde mediados de los años 20).

    Por otra parte, ¿ has visto en otra monarquía peninsular unos niveles de represión política cómo los que llevó a cabo Fernando? No nos vamos a meter, pero las «purificaciones» llevadas a cabo son terribles, del estilo de la represión más moderna (siglo XX). Y en ello jugó un papel vital lo vengativo que era el tipo, como de nuevo, se vería con Riego (único ejecutado y juzgado por un delito exactamente igual al de otros 96 diputados que no sufrieron consecuencias).

    En cuanto a la frase que te intrigaba, es lugar cómun citar la frase del Deseado (por cierto, cuando recibe este nombre aún no había gobernado nunca, de ahí el nombre quizás): «Si Riego hubiese tenido ambición yo no sería rey de España; confieso que a su generosidad debo la vida». La tienes en Ejército, Pueblo y Constitución. Siglos XIX-XX. Homenaje al general RAfael del Riego. Trienio, Ilustración y Liberalismo, Museo Universal Ediciones, Madrid, 1988, p. 367.

    Si por desgracia los revolucionarios del Trienio no le hubieran respetado tanto, intentando integrarlo en la política liberal… Una guillotina habría consolidado la revolución más que las presiones para integrarlo en el sistema liberal; presiones que consiguió resistir de forma muy eficaz con las excusas y trucos más impresionantes. Es ello lo que hace que no esté de acuerdo con aquello de que se acomodaba a cualquier situación; su actuación durante el Trienio es sintomática al respecto.

    Un saludo Patrick. Nos matan como sigamos así con los comentarios XD

  4. Estamos de acuerdo en casi todo. Imaginaba lo Fernando con Riego por sentido común. Cobarde e idiota hasta el extrema, ese es Fernando. Yo, lo único que digo es que pocos declinan la corona, pesa mucho. Pocos reyes, cuando les ha tocado reinar, han optado por no hacerlo. Me vienen muy pocos a la cabeza y menos en España. En cuanto a los represiones y la depuración política, si, fue muy cruel y desproporcionada. Y en cuanto a lo de la guillotina, »of course», toda la razón y, ese es el gran problema que hemos tenido. En España nunca se ha llevado a cabo una revolución, nunca. La revolución americana o la francesa, que están totalmente relacionadas, hicieron que surgieran nuevas potencias e ideologías y, con esto, progreso. Aquí, apresados en el Antiguo Régimen y sin una revolución que rompa con él. Y es cierto, como sigamos así los que van a la guillotina somos nosotros. Un saludo.

    PD. Yo tenía entendido que »el deseado» viene porque el pueblo veía (en plena guerra de la independencia) en el regreso »rescate» de Fernando VII un deseo patriótico que es lo que le llevo a ganarse el sobrenombre.

  5. Saludos de nuevo Patrick.

    Adelantarte que tengo una pequeña sorpresita reservada para tí en mi próximo artículo…

    Veo entonces que estamos en línea con este tipo. Por cierto, tu artículo me ha hecho reflexionar y me he dado cuenta de que incluso no podemos decir que Fernando VII no declinara la Corona… Es que resulta que con el motín de Aranjuez obliga a su padre, Carlos IV a entregásrela, aunque luego Napoleón intervenga en Bayona… Este tipo estaba ansioso de poder, no era capaz ni de esperar a que muriera su padre. Pero mira si era sinvergüenza el Borbón que hasta pisoteó el derecho sucesorio de su padre, obligándole a abdicar en él (le tenían rodeado el palacio). El propio Carlos diría que fue destronado «por un hijo ingrato, intrigante y desagradecido» (Raúl Pérez López Portillo, La España de Riego, p. 134).

    Curioso es, porque en el motín participó Riego apoyando a Fernando VII (Riego era guardia de corps en esos momentos). De lo último que comentas (que en España no ha habido ninguna revolución propiamente dicha), yo la verdad es que también tenía esa opinión. Últimamente ya no lo tengo tan claro, es más, diría que soy casi de la opinión contraria, pero bueno, ese debate si que excede totalmente los comentarios de cualquier blog. Sólo mencionarte que con la revolución de 1820 España se puso a la cabeza de Europa en libertades civiles y políticas, pese a Fernandito. ¿Fue aquello una revolución propiamente dicha pese a fracasar?

    En fin amigo, felicitarte de nuevo por el artículo. Me has hecho darle vueltas a la cabeza hoy, revisando viejos temas.

    Un saludo.

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