Concepto de Fascismo III

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Tipos de fascismos

Capítulo 3

Teniendo en cuenta que fascismo, según la RAE, es un »movimiento político y social de carácter totalitario que se produjo en Italia, por iniciativa de Benito Mussolini, después de la Primera Guerra Mundial», podemos comparar al fascismo con el franquismo o el nazismo también en su definición.

Franquismo

En el diccionario de la RAE, se define al franquismo como:

Movimiento político y social de tendencia totalitaria, iniciado en España durante la Guerra Civil de 1936-1939, en torno al general Franco, y desarrollado durante los años que ocupó la jefatura del Estado.

Hay una segunda definición que hace referencia al »período histórico que comprende el gobierno del general Franco.»

Podemos observar que en la primera definición hay pocas diferencias con la propia definición de fascismo que obtenemos de la RAE igualmente. Uno de los matices diferenciales entre franquismo y fascismo según la RAE es que el franquismo lo definen con »tendencia totalitaria» y el fascismo »de carácter totalitario».

Si buscamos »franquismo» en el diccionario enciclopédico de la editorial Bruguera (1976) no encontraremos dicha acepción.

El franquismo es, efectivamente, el periodo en el que Franco se encuentra en el poder. En España ya hubieron influencias fascistas antes de Franco. Con Miguel Primo de Rivera hubo una dictadura, y desde ese momento ya se estaba fomentando el fascismo o una ideología que incluía características propias del fascismo italiano. A partir de ese momento se iría formando una serie de elementos que acabarían formando la Falange Española (fundada por el hijo de Primo de Rivera, José Antonio Primo de Rivera). Este partido político, que al principio no tendría gran relevancia dentro de España, acabaría siendo el protagonista del golpe de estado de Franco.

Nazismo

Con el nazismo o nacionalsocialismo llegamos a una interesante definición según la RAE:

Movimiento político y social del Tercer Reich alemán, de carácter pangermanista, fascista y antisemita.

Como podemos observar, en el caso del nazismo, solo llegamos a la conclusión de que según dicha escueta definición aunque bien precisa, el nazismo, el franquismo y el fascismo tienen en común básicamente una cosa: que los tres son un movimiento político.

039nazismo.jpg¿El nazismo es una forma de fascismo? No, no lo es. La pregunta es interesante y se puede enfocar desde muchos puntos de vista, pero realmente el fascismo no es nazismo. El fascismo no incluye antisemitismo, el fascismo repele al nazismo en muchos sentidos. Y ciertamente no se entiende la alianza entre Italia y Alemania si no es por falta de personalidad y una renuncia de principios por parte de Mussolini. Probablemente Mussolini pensara que le convendría acercarse a Hitler, ya que la tendencia alemana podía confundirse con una tendencia hegemónica y de potencia mundial. Además, como dice Stanley G. Payne: »A esto deben añadirse las dimensiones de la megalomanía del propio Mussolini a fines de la década de 1930 y su sentido inflado del ducismo, constantemente rodeado de aduladores, que le hicieron perder perspectiva y creer que sus decisiones personales producirían la victoria.»

En una excelente explicación sobre el nazismo, Philippe Burrin toma la violencia como la base principal de su sistema:

»La violencia formaba el corazón del nazismo. Definía su identidad, le asigna su figura histórica. Mientras que, en el bolchevismo, doctrina y realidad se encontraron en una relación antonímica (en lugar de la debilitación del Estado, el Leviatán, y, en lugar de la fraternidad, el »Goulag»), formaban cuerpo de doctrina desde el punto de partida. Culto a la virilidad heroica, afirmación del derecho del más fuerte, discurso sobre la dureza saludable: la violencia no solo era un medio, si no un valor en sí, valía como una ley de la naturaleza, e incluso como la única apta para garantizar la supervivencia y la victoria en la lucha de las razas, que, según los nazis, forma la trama de la historia del mundo vivo.»

Confusiones

Solamente con una ligera y sencilla operación cotidiana de investigación (diccionario) podemos darnos cuenta de que el fascismo, el franquismo y el nazismo no son la misma cosa. Pero sí podemos afirmar con vehemencia que el franquismo y el nazismo derivan del fascismo. De una manera u otra, pero deriva. Y parece que no suele pasar pero pasa muy frecuentemente, el hecho de que se confundan todos estos términos. Y no solo con fascismo, franquismo y nazismo, sino que también existen confusiones con totalitarismo, dictadura y muchos otros términos. Esto ocurre en el día a día socialmente, pero lo grave no es que ocurra en el día a día en las puertas de los colegios, entre amigos, familias, en el trabajo, foros en internet o grupos radicales; lo grave es que ocurra en los periódicos, manuales de historia, libros, medios de comunicación como puedan ser la radio o la televisión, o en las clases de historia en institutos y universidades. Y repito, lo absolutamente detestable es que estos términos se confundan en medios “cultos” en los que se supone que la sociedad bebe cultura verídica y absoluta. Por tanto, todos estos conceptos nombrados son muchas veces confundidos hasta tal punto de que la gente, lo sociedad de hoy en día, nace, crece y muere confundiendo términos a los que se refiere en multitud de ocasiones a lo largo de su vida.

Y en relación a lo dicho, unas palabras de Jacques Julliard:

»De manera general, se debe tener la imaginación suficiente como para crear otros epítetos que califiquen a un régimen que no nos gusta y del que se teme tome un sesgo autoritario, del mismo modo que se debe poder censurar a un policía que utiliza métodos expeditivos sin calificarle por ello de SS, como se acostumbraba a hacer en 1968. Debemos observar, respecto a las víctimas del verdadero fascismo, o frente a los verdaderos SS, una actitud de reserva y de medida cuando tenemos que describir los actos de violencia ordinaria.»Pág. 140 y 141 del libro »El fascismo que viene» de Jacques Julliard. Editorial Acento Editorial, 1994.

Otros movimientos fascistas o autoritarios

musso56.jpgExisten otros movimientos que poseen más similitud al fascismo que la similitud que pueda tener Alemania u otros regímenes autoritarios de la Europa oriental, ese es el caso de Portugal. Un país en el que los acontecimientos mantienen mayor similitud con Italia y, sobre todo, con España. »En el caso del Estado Novo portugués, es técnicamente anterior al período principal del fascismo», dice Stanley G. Payne. En Portugal, la dictadura se mantuvo hasta 1975. Gente como Joao Franco o Salazar ponen nombre al autoritarismo portugués. »Evidentemente», dice Stanley G. Payne, »las comparaciones entre los casos de España y de Portugal deben hacerse con Italia y no con Alemania». Y verdaderamente pienso como Payne, las comparaciones sobre el fascismo se deben hacer con el puro régimen fascista. Por otra parte, en España, también existió un personaje aparte de Franco, Miguel Primo de Rivera. Que cuya política dictatorial nunca pretendió imitar al régimen fascista italiano de Mussolini.

Y dice también Stanley Payne que »las principales variantes españolas del nacionalismo autoritario -moderado, de derecha radical y fascista- sólo cobraron forma, con retraso, durante la Segunda República.» En 1933 llegó posiblemente el principal dirigente fascista español, José Antonio Primo de Rivera, hijo del dictador Primo de Rivera. Lo que José Antonio supo hacer mejor que otros como Ledesma, Calvo Sotelo o Giménez Caballero, fue utilizar sin pudor la etiqueta de »fascista». Y fundó la famosa Falange Española, un partido mucho mejor consolidado que otros. Parece ser que conforme se radicalizaba la derecha, él tendía un poco a la izquierda, por mantener un proyecto serio y llevadero. Incluso, dice Payne, »una serie de importantes características personales -como un esteticismo meticuloso, combinado con un sentido auténtico, aunque a veces contradictorio, de escrupulosidad moral, un sentido intelectual cultivado de la distancia y la ironía y, para tratarse de un político español, un espíritu notablemente limitado de sectarismo y de rivalidad de grupo- lo descalificaran para ser un líder con éxito.» Lo que quiere decir que, José Antonio Primo de Rivera fue fundamental para la Falange, pues él levantó el partido, pero no tuvo todo el éxito que pudo esperarse. Así parece, que los Primo de Rivera estaban destinados a fracasar finalmente. Pues, sigue Payne, »es probable que, entre todos los líderes fascistas, fuera a quien más le repugnaran la brutalidad y la violencia que comportaba la empresa fascista» ya que »antes de fines de 1934 dejó de utilizar el término -fascista-, y antes de fines de 1935 el de -totalitario-».

Otros movimientos fascistas como el Partido Fascista Rumano en 1923 o Le Faisceau de Georges Valois en 1924 son claros ejemplos de la influencia fascista en Europa. También, otros países como Austria o Hungría, entre algún otro, representaron en algún momento un régimen fascista o semi-fascista. Pero lo cierto es que el fascismo no triunfó ni mucho menos durante mucho tiempo en estos países.

Existe mucha especulación sobre si existió algún tipo de fascismo fuera de Europa. Países como Japón (debido a su agresividad durante la Segunda Guerra Mundial y su vinculación con Alemania e Italia), China (con los Camisas Azules), Sudáfrica (con los Camisas Grises) o América Latina (con el fenómeno del peronismo) son un intento de vincular a estos países con el fascismo, aunque genéricamente el fascismo solo pertenece a Europa. Por tanto, si bien estos países tuvieron movimientos políticos que coincidían con algunas características del fascismo, no estamos hablando de fascismo.

Conclusión sobre el fascismo

Philippe Burrin expresa en la página 11 de su libro »Fascisme, nazisme, autoritarisme», qué perspectiva tiene que tener el historiador a la hora de afrontar las interpretaciones de los regímenes alemán e italiano.

»El historiador solo puede ver las interpretaciones de los regímenes aleman e italiano como la expresión política de un estadío del capitalismo o de una etapa de la modernización de las generalidades poco luminosas, agravadas por las omisiones o desconocimientos considerables.»

Estoy de acuerdo con la afirmación de Philippe Burrin. Los regímenes aleman e italiano forman una expresión política propia de un estadío del capitalismo y de una modernización de generaciones poco luminosas, poco inteligentes. Atribuye a la ignorancia (omisiones o desconocimientos considerables) gran parte de la forma política de proceder de estos regímenes.

Y culminando con Burrin, podemos ser conscientes de una parte de la mentalidad francesa en cuanto al fenómeno del fascismo y el nazismo:

»El fascismo italiano y el nacional-socialismo fueron un desafio para cierto número de franceses, empezando por la izquierda marxista.»

Con esta afirmación, el autor reivindica la importancia que tuvo para los franceses (especialmente, como dice él, la izquierda marxista) el fascismo y el nazismo.

En el próximo y penúltimo capítulo se hablará sobre el autoritarismo y sobre el fascismo atendiéndonos al concepto básico y etimológico.

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