Videojuegos y tal

videogames.jpgEl otro día me dieron la razón por la cual a los videojuegos se les sigue negando algo de relevancia en la actualidad, llámale razón, llámale falta de coherencia. Como una bocanada de aire fresco y estimulante justo al salir de la piscina, la contundente lógica de las palabras me abofeteó con furia. Es probable que aquella realidad tan férrea me superara en todas sus facetas, ya que tenía todas las papeletas para tratarse de una anodina gilipollez. «Es que es algo de frikis», me esgrimieron tras una risa sarnosa. «Corre y no mires atrás», pensé yo.

Dejando de lado la expansión del concepto friki y la gratuidad del asunto, me llama la atención el enfoque que se le sigue dando al medio de los videojuegos Wiitis a parte, algo que tampoco es que ayude demasiado (¡hola, Imagina Ser Patinadora!) Supongo que si la palabra friki hubiera existido en los años 10 todos los que iban a las proyecciones de las primeras películas debían ser unos frikazos del copón, y del mismo modo los letrados y escasos lectores en siglos atrás, aunque ahora se pone especial empeño en dar retazos trascendentales a lo que no lo necesita. Será que estamos todavía más perdidos.

Lo cierto es que yo siempre he considerado a los videojuegos como un medio de superación, como una forma de retarte a ti mismo y trasladarte a experiencias difícilmente alcanzables de otro modo, algo fuertemente contrapuesto a la idea generalizada de aporrear botones y lobotomizar cerebros. Es entretenimiento y diversión, pero hay mucho más.

Siempre me lo preguntaba con inquietud al darme de bruces con la sorprendente claridad de un tercero, que me aseguraba el poder demoníaco que escondían esos circuitos. ¿Cómo iba a lavarme el cerebro el único medio en el que puedo interactuar y elegir en mayor o menor medida por mí mismo? ¿No es potencial y objetivamente más peligroso el Diario de Patricia? «Hay que joderse», pensaba resignado. Y acto seguido pugnaba por abstraerme de nuevo e intentar olvidar un programa en el que la Yesi había confesado que engañó a su marido con el chapista de éste justo después de asegurar que la tortilla que preparaba la madre del primero era una «soberana mierda». Cosas de tomarse demasiado en serio, supongo.

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Test de patología videojueguil: ¿Qué hay de inverosímil en esta fotografía de una encantadora urbe cualquiera?

Es posible que haya encontrado siempre en el medio de los videojuegos más sentido del que en realidad tiene, pero mirándolo retrospectivamente, me ha dado razones de peso para encontrarlo y creer en él. Quizá esté llegando a un punto en el que, prácticamente sin ser consciente de ello, prefiera hablar sobre videojuegos que jugarlos. No es algo restrictivo, a mí me das un mando, joystick, pad, controlador o como quieras llamarle y me haces la persona más feliz del mundo. Pero es una sensación ambigua en la que se dan cita sentimientos contrapuestos.

Por un lado, mi amor incondicional hacia esa vía de expresión artística cautivadora de inquietudes existenciales que son los videojuegos, por otro, la sensación que me acompaña últimamente y que me recuerda demasiado habitualmente que eso que estoy jugando ya lo he vivido antes. Un punto de inflexión, dirán algunos, memeces de un jugador frustrado, dirán otros. Pues oigan, ni lo uno ni lo otro pero un poco de las dos.

d638f2.jpgPersonalmente creo en los videojuegos como arte y del mismo modo que despotrico contra las imposiciones actuales, las estúpidas prioridades de diseño y me regocijo de dolor ante la oleada de no-juegos, me deshago como un niño ante indiscutibles obras maestras, ante el amor añejo y sempiterno del píxel que me devuelve a la inocente cuna de la que jamás debí salir, cuando el peor juego de la Historia no suponía para mí más que una pura forma de diversión más. ¿Diseño de niveles? ¡¿Jugabilidad?! Ni siquiera sabía qué significaba «erase game». Así me iba.

De modo que aquí estoy como fichaje novato, para aportar humildemente mis textos que no siempre tienen porqué tener sentido y alardear de mis inestables delirios de grandeza, que es algo que no tiene mérito ninguno pero que siempre se me ha dado muy bien. Como perder en el Pro.

Y joder, qué enorme se ve el Resident Evil 5, por el amor de Dios. Tenía que decirlo.

  1. La clave de todo es que la mayoría de juegos van de avanzar, matar avanzar matar, sin más argumento ni historia y por culpa de esos luego se mete en el saco a todos los juegos. Esa es otra razón por la que creo que en ocasiones no resulte muy emocionante jugarlos, o al menos llegar hasta el final, porque sabes lo que pasará cuando estés 20 horas más jugando.

  2. Interesantes reflexiones, señor Kid Coltrane.

    Eso sí, lamento informarle que el diagnóstico de su caso, si no me equivoco, es lo que se llama, «inicio de descontextualización con respecto al medio», o lo que en roman paladino podría ser «se está haciendo mayor».

    Le explico. Expresiones como «en ocasiones prefiero hablar de videojuegos antes que jugarlos», o sus quejas con respecto a que lo que juega ahora «ya lo ha jugado antes», o su amor por el píxel son reveladores.

    De usted dependen seguir avanzando por esa vía, y caer en la enfermedad de la nostalgia, o poder seguir adaptado al sistema de videojuegos actual.

    Tratas en tu artículo cuestiones que yo quería haber mencionado desde la perspectiva de alguien que ha llegado al final del proceso, que (creo), describes en sus estadios iniciales…

    En cualquier caso, amigo, en el momento en que mires más hacia atrás que hacia adelante, ya habrás caído… Y del desencanto no te salvarán las partidas al Pro ni los escasos lanzamientos verdaderamente buenos que se hacen…

    Seguimos en contacto.

  3. Lo cierto es que la nostalgia siempre está ahí, desligarme de esa impronta sería como pedirle a Denis Dyack que pusiera su ego a secar: es algo antinatural. Ya me entiendes.

    No reniego del estado actual de todos los videojuegos ni mucho menos, hay grandes avances y grandes obras maestras, y sé valorar cuando tengo una delante. En parte a eso me dedico. Pero cuando un medio forma parte de tu vida tan estrechamente y ves cómo avanza y se extiende, no puedes evitar pegar cuatro gritos refunfuñantes para llamar la atención.

    Y la razón que da Javi es lo que, por ejemplo, me hizo aborrecer Gears of War. Hay muchos valores de producción pero a mí me faltó un juego y me han crucificado varias veces por ello.

    Por otro lado, las cuestiones que comento en el artículo son cosas que me he preguntado desde siempre, y he intentado fusionarlas con mi posición actual. Eso sí, lo de «esque es algo para frikis» es una historia real. Al menos me inspiró.

    Un placer estar por estos lares oigan.

  4. A mí cuando me dicen eso de que es para frikis, yo les digo «¿y qué te crees que son los hinchas de futbol, que gritan cuando su equipo marca? ¿y los que lloran cantandole a la imagen que veneran cuando sacan a esta a la calle en Semana Santa?»

    Aquí en realidad lo que sobran son huevos de criticar a lo que no entiendes y falta encontrarse la paja en el ojo propio.

    Bienvenido sea usted, señor Coltrane.

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